martes, 25 de enero de 2011

El Salvador en el camino a la ruina y al caos social



Por Carlos Glower (*)
El Salvador continúa en el sendero estoico de la dolarización fracasada, vendiendo a sus trabajadores sin capital en tierras lejanas

SAN SALVADOR - "Parezca Chile o Puerto Rico,” los inversionistas y la prensa financiera le dicen al gobierno de El Salvador. “¿Por qué puede usted no parecerse a Chile y sacrificar su economía y semi-democracia para pagar las deudas qué usted está asumiendo durante la crisis actual?” La respuesta es, El Salvador no puede ni podrá– sin un total colapso económico, social, demográfico y político que sólo hará peor su ya penosa situación.

Sólo hace un par de años fue reconocido que las décadas de neoliberalismo se habían estrellado en los mismos Estados Unidos y varias economías europeas. Los años de privatización, dolarización, especulación y carencia de la inversión real en la economía, los habían abandonado con la desigualdad creciente y poca capacidad de compra, excepto lo que fue financiado manipulando la deuda o las remesas. Sin embargo, la prensa financiera y los políticos neoliberales contraatacaron, usando a Chile como un ariete ejemplar con su moneda propia y devaluaciones programadas para responderle a la crisis. Ahora, ni Chile está exento de la crisis misma, mostrándose una desigualdad creciente al igual que en El Salvador y solo aminorada por la venta precipitada de sus limitadas materias primas naturales. No obstante, El Salvador continúa en el sendero estoico de la dolarización fracasada, vendiendo a sus trabajadores sin capital en tierras lejanas que cubren desde Arizona hasta al Congo francés.

Algunos analistas internacionales han visto los resultados de la crisis como la vindicación de la eficacia de austeridad para solucionar la crisis económica. El mantra estándar es que el Fondo Monetario Internacional salvará al país con sus usuales programas contables y aritméticos “talla única” y que la desdolarización es muy cara y el dólar se debe mantener. En estos pronunciamientos olímpicos, se hace caso omiso que el Estado Salvadoreño está quebrado, que su contenido como nación se vendió al mejor pero mezquino postor, que el costo de la vida está incrementándose diariamente, y por ello los trabajadores organizados se han dispuesto a equiparar su nivel de vida. El movimiento laboral está resurgiendo, sin tener un liderazgo unificado que le guie. Un creciente caos generalizado es la única secuela que se puede esperar ante la ausencia de un liderazgo competente a nivel gremial y gubernamental.

Pero, la crisis se hace cada vez más palpable. Los cadáveres se acumulan en las calles, los delincuentes desalmados adueñados de las avenidas, los delictivos capturados pero liberados por la inoperancia de los juzgados, los presidiarios encucados como animales, los migrantes asesinados, los diputados jugando al póker de la creación de leyes para auto protegerse y la gente desesperada por no tener tortillas ni frijoles para comer, mientras el Gobierno del Cambio les promete y ofrece pastel.

El Gobierno promueve la perspectiva que todo está mejorando y que el cambio es innegable. Sintiéndose asegurado por el enlodado y desacreditado FMI, el Gobierno parlotea la opinión en que la caída fuerte e incontrolable de la economía (una de las más profundas de cualquier nación de la crisis 2009) se ha parado finalmente y que la recuperación (aunque muy frágil y modesta) está en curso.

Esta vista apela pero no embauca a banqueros y financistas internacionales que saben cómo almacenar su capital que se mofa de cualquier frontera. De este modo, infortunadamente para el país, las clasificadoras de riesgo cada día que pasa ven más a la deuda salvadoreña como chatarra y con mayores características especulativas. Pero, el modelo de El Salvador es único por la torpe decisión de la dolarización y no se tienen recetas extraordinarias que no sean la desdolarización inmediata, la cual es descartada por los sectores poderosos de nuestra economía que son los únicos que se han beneficiado descaradamente de la dolarización.

El estancamiento económico y social se ha alargado mucho más de lo que esperaba el Gobierno de turno. Los que se benefician de la dolarización configurados en ARENA no solo no apoyan al Gobierno sino que también le exigen que reduzca aun más los salarios reales para recuperar su acostumbrada rentabilidad mercantilista y monopolista. Lo que no quieren entender y ni les importa es que la dolarización no lo permite y sus exigencias solo caen en sacos rotos, causando crisis más profundas de empleo, turbación social y gobernabilidad. Mientras tanto, el partido en el Gobierno permanece afónico y recluido ante la catástrofe que vive el país.

El mismo Gobierno que defiende los intereses de los que se benefician de la dolarización, entra en crisis, erróneamente pensando que se les abren nuevas oportunidades por medio de una miopía colosal tipo FMI que solo conduce al despeñadero. La crisis se agudizara este año, y por lo que ya se distingue, será no solo de carácter económico como ha ocurrido hasta hoy día; la crisis ahora involucrará a los sectores sociales, los cuales ya padecen de hambrunas que sus miserables salarios dolarizados no logran saciar. El año 2011 se caracterizará por el infortunio del Gobierno actual. Mientras el Gobierno se esconde atemorizado como un chaval desprotegido, ni se piensa que la desdolarización es imperativa, la cual solo sería el primer paso a tomar en el largo camino de la recuperación.

Los salvadoreños vemos a nuestro país sin liderazgo en el plano político, y sin piloto y ni timón en el Titanic de la dolarización. El hecho que la mayoría aplastante de economistas en posiciones ejecutivas de política económica en el Gobierno actual y anteriores, ha ignorado los signos contundentes de la llegada del desastre, y apoyaron las políticas que lo trajeron, persisten en continuar con posturas caricaturescas y desgastadas que la catástrofe es un espontáneo inconveniente sujeto a leves procesos de ajustes y se afanan en ofrecer soluciones poco originales. Estos tales economistas que le hacen reverencias a los guardianes templarios de la acumulación del capital internacional en el FMI, se preocupan más en encontrar autopistas meritorias de Premios Nobel por medio de las cuales ellos podrían conseguir que la mayoría de salvadoreños ordinarios acepten como reses la flexibilidad laboral que implica reducir los salarios reales y comprimir los beneficios públicos en el porvenir.

Sus propuestas se ven nítidas y hasta pulcras en sus modelitos, que parecen tener soluciones newtonianas equilibradas a la Smith o Nash pero que tienen más ecuaciones que variables. Por cierto, resulta ya bastante fastidioso que estos economistas, en el gobierno o en ARENA o en los organismos internacionales, continúen predicando en la televisión y periódicos lo que asimilaron en su primer curso de economía cuando aun no estaban seguros si todavía eran adolescentes. Es más, si los economistas ni computaron y ni se dieron cuenta del desastre internacional y nacional que se avecinaba, no tenemos razón pedestre para tomarlos en serio y mucho menos escucharlos.

(*) ExEconomista de ContraPunto

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