martes, 14 de diciembre de 2010

Maíz transgénico: ¿Te gusta el insecticida en tus ensaladas?

Por: semillasysalud el 30/11/10 10:54
Tiempo estimado de lectura : 4 minutos
Media docena de insecticidas están presentes en un maíz transgénico, sin evaluación científica. Científicos señalan que se hacen muy pocas evaluaciones científicas a los organismos modificados genéticamente i advierten que los organismos reguladores europeos como la EFSA están sometidas a los lobbies pro transgénicos.

Hace aproximadamente tres años la compañía biotecnológica Monsanto y Dow Chemical, una de las empresas químicas más grande del mundo, llegaban a un acuerdo de colaboración para desarrollar un maíz que incorpora hasta 8 genes distintos.
SmartStax. Este es el nombre que han puesto monsanto y dow agroSciences a su nuevo maíz OGM. Esta hierba de maíz posee una particularidad única en su especie: combina ocho genes modificados (2 herbicidas y 6 insecticidas).
Bueno pues, el maíz transgénico SmartStax fué aceptado por la Agencia de Protección Ambiental estadounidense y la Agencia de Inspección de Alimentos Canadiense en Julio de 2009, para que este producto transgénico pudiera comenzar a comercializarse un año después.
El problema de que fuera aceptado está en que en Canadá por ejemplo, la ACIA (Agencia Canadiense de Inspección de los Alimentos) concedió la autorización sin basarse en ninguna evidencia científica y el ministerio de salud canadiense no hizo ningún estudio sobre la evaluación de los impactos en la salud humana y animal ni en el medio ambiente.
Así la Ministra de Sanidad canadiense, Leona Aglagguk, respondiendo a las preguntas de las asociaciones, declaró que la autoridad sanitaria del país,…
“Sanidad de Canadá, cuenta con que los productores de semillas lleven a cabo estudios completos de sus variedades a fin de garantizar que no existe ningún efecto inesperado.”
Si con todas las que ha hecho Monsanto, todavía pensáis que alguien se puede fiar hasta ese punto…”Que investiguen las empresas”, es como poner al zorro a cuidar a las gallinas. Acordémonos de la hormona para el crecimiento bovino, afortunadamente prohibida en Europa, y como a pesar de los serios problemas que encontraron para la salud de los animales, Monsanto se empeño en decir que no eran de importancia, y con ayuda de los directivos que tienen entre Monsanto y la FDA, la agencia de alimentos y medicamentos estadounidense, consiguieron aprobarla. En aquel caso Canadá lo rechazó.
El siguiente paso era evidente, Monsanto y Dow Chemical intentarían introducir la nueva variedad de maíz en la Unión Europea y en el resto de países del mundo.
Y al parecer en Europa, el precepto de “que investiguen las empresas”, ha sido adoptado por la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), el organismo encargado de emitir dictámenes científicos sobre los organismos modificados genéticamente en Europa. Según TestBiotech, un Instituto de Munich independiente especializado en las biotecnologías, la EFSA ha expresado recientemente su opinión a favor de que el SmartStax salga al mercado tanto para la alimentación humana como para la animal. El problema: para hacerlo, la agencia no ha exigido a los productores ningún estudio científico. Sólo se limitó a dar acuse de recibo de un estudio de 42 días realizado en pollos, que permite evaluar la calidad nutricional del maíz, ¡pero de ningún modo los riesgos para la salud!.
¿Qué pasa en la EFSA? Recientemente; a finales de septiembre de 2010 José Bove, Eurodiputado (Ecología Europa), y Vicepresidente de la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo, reveló que la presidenta de la junta directiva de la EFSA, Diana Banati, era igualmente la presidenta de la junta directiva del ILSI, uno de los mayores lobbies en promoción de los OMGs (transgénicos), un organismo pseudo-científico creado por multinacionales químicas y biotecnológicas de alimentos potencialmente peligrosos, que defienden sus intereses con estudios pseudo-científicos y presionan para que los organismos políticos no hagan estudios sobre sus productos.
El manejo del ILSI es tan grave que la OMS lo había excluído en 2006 de la lista de asociaciones con derecho a participar en sus actividades. Monsanto, BASF, Bayer y Syngenta, se encuentran entre sus miembros principales en el tema de los transgénicos. ILSI es una organización internacional de más de 400 empresas. Fundada en 1978 en los Estados Unidos, financiada por la industria, gobiernos y fundaciones.
El Sr. José Bové pidió la dimisión de la Sra. Banati: “La EFSA carece de autonomía, está sometida a los lobbies. Su modo de funcionamiento debe ser revisado de arriba abajo.”
Ya en 2008 la EFSA se vió confrontada, después de la salida de su director de OMGs para unirse a Syngenta.
¿Que reacción han tenido estas afirmaciones? En primer lugar la declaración de interés de Diana Banati en la página oficial de la EFSA, fué cambiada, dando a concocer su pertenencia al Consejo de Administración del ILSI, que antes no estaba.
En segundo lugar Diana ha dimitido de sus cargos en el ILSI, alegando que no ha sido por la revelación pública que ha hecho José Bove, sino que ha sido para evitar sobrecarga de trabajo, y que siempre ha sido muy independiente del ILSI para tomar decisiones en la EFSA.
¿Alguien se lo cree?
En España también tenemos el caso de Cristina Garmendia, la anterior Ministra de Ciencia e Innovación, que había sido hasta entrar en el gobierno, la presidenta de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), el mayor lobby pro alimentos transgénicos y fármacos biotecnológicos que hay en España.
Recientemente el profesor Gilles Eric Seralini, director del Comité de investigación y de información independiente de la ingeniería genética (CRIIGEN) y experto de la Comisión Europea en transgénicos ha realizado un estudio en el que realiza una revisión crítica señalando las definitivas deficiencias científicas de los organismos de regulación.

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